como una espina en la garganta,
como el hombre que pasa, con el miedo dibujado en el rostro.
Nos duele como el amor y sus ejércitos,
como los ángeles irremediablemente perdidos.
Es la mujer que nos desnuda frente al mar,
la lluvia de marzo y las dos tormentas del verano,
el golpe que nos hace abrir los ojos; el beso que nos cierra los labios.
Es el momento de la infancia y del rencor,
el perro que nos asustaba cuando volvíamos del colegio,
el mismo que a veces vemos en la mirada del hombre más próximo.
Esta ciudad se levanta sobre el sudor y los sueños de nuestros padres,
sobre el cuerpo violado de la muchacha y la mano siempre dispuesta
del asesino.
Crece como el odio, como el polvo y la rabia,
como un mar encabronado que se te escapa de las manos.
Es la mujer que pasó sin verte, la que no te recuerda,
esa que constantemente disfrazas, pero a quien siempre le escribes tus versos.
José Javier Villareal...

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